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Sola Sombra Larga

Andrés R. Marín

Caminabas,
Y la luna llena
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos
esparcía su luz blanca,

Y tu sombra
Fina y lánguida,
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban
Y eran una
Y eran una
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!

(Fragmento del poema “Una Noche” o “Nocturno III” de José Asunción Silva)

Casa de Poesía Silva – Bogotá 2012

http://www.casadepoesiasilva.com/nocturno03.htm

La Vendimia de la Calle

Andrés R. Marín

NIÑO CONDENADO

Habla conmigo, viejo perro blanco,

habla conmigo, ladra tu quebranto…

cuando quieras, olvidarlo…

tu quebranto…

Habla conmigo, perro de la lluvia…

habla conmigo, solo tú conoces,

la vendimia… de la calle…

¡La delicia! ¡La delicia!

Habla conmigo, viejo perro blanco,

busca descanso, con tu molinete,

que los amos, no descansan…

ya no existen…

Habla conmigo, perro de la lluvia,

habla conmigo, niño condenado,

por el diablo de febrero…

¡Perdonado…Perdonado!

(Luis Alberto Spinetta – Invisible/Álbum:  El Jardín de los Presentes. 1976)

http://www.youtube.com/watch?v=IH4SwrqhinI

Augusta 24hs

Andrés R. Marín

VIAJES

 Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.     Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de “Alegría de los famas”. Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: “La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad”. Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.     Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.

(Cortázar J.  “Historias de Cronopios y de Famas” 1996. Alafaguara)